En las escuelas encontramos gran variedad de alumnado al que debemos dar respuesta. Entre ellos están los alumnos con Trastornos Generalizados del Desarrollo.



Este grupo es muy amplio y a veces, no encontramos (y/o desconocemos) los recursos existentes específicos para trabajar con este colectivo. Lo que se pretende con este blog es dar respuesta a las necesidades de nuestros alumnos con TGD. Sabemos que éstas son interactivas y cambiantes, pero “grosso modo”, las principales son: focalizar la atención (con técnicas concretas que se colgarán en el blog); asegurar un ambiente plenamente estructurado y sin estímulos distractores (a través de pictogramas a los que se podrá acceder); integrarse en su grupo de referencia y con otros niños de su edad y desarrollar con ellos distintos tipos de juego (se tendrá acceso a varios proyectos de patio sobre los que trabajar esto); regular las conductas en distintas situaciones, fomentando la participación; establecer interacciones sociales exitosas (uso de mediadores y habilidades sociales); aprender a conocer y comunicar emociones propias y de los demás (a través de la caja de herramientas emocionales o el termómetro de las emociones, entre otros); establecer diferencias entre unas personas y otras a través del vínculo de apego que les une a ellas y conocer con cuáles se puede tener más confianza (a través de los Círculos de Confianza); anticipar y aceptar los cambios de rutina (la inflexibilidad también se trabajará a través de pictogramas); realizar actividades de ocio / tiempo libre para relacionarse con iguales (se propondrán posibles asociaciones para llevar ésto a cabo); que todos los que les rodean acepten sus diferencias frente a otros compañeros y sus características concretas (se propondrán unas Jornadas de Sensibilización a las Diferencias).

domingo, 6 de marzo de 2011

¿Qué es el autismo?

“Es autista aquella persona a la cual las otras personas resultan opacas e impredictibles, aquella persona que vive como ausentes –mentalmente ausentes- a las personas presentes, y que por todo ello se siente incompetente para regular y controlar su conducta por medio de la comunicación” (Ángel Rivière).

La primera persona en definir el autismo fue Leo Kanner en su artículo sobre “Los trastornos autistas del contacto afectivo” en 1943. En él hablada sobre su estudio de 11 niños/as norteamericanos con rasgos comunes:


1.- Las relaciones sociales: “la incapacidad para relacionarse normalmente con las personas y las situaciones”; “desde el principio hay una extrema soledad autista, algo que en lo posible desestima, ignora o impide la entrada de todo lo que le llega al niño desde fuera. El contacto físico directo, o aquellos movimientos o ruidos que amenazan con romper la soledad, se tratan como si no estuvieran ahí o, si no basta con eso, se sienten dolorosamente como una penosa interferencia”. (Kanner, 1943, p.20).

2.- La comunicación y el lenguaje: ausencia o uno extraño del lenguaje en quienes lo poseen, ecolalia, comprensiones literales, inversión de pronombres personales, falta de atención al lenguaje....

3.- La “insistencia en la invarianza del ambiente”: la conducta del niño “está gobernada por un deseo ansiosamente obsesivo por mantener la igualdad, que nadie excepto el propio niño puede romper en raras ocasiones”, (Kanner, 1943, p.22), tendencia a representar las realidades de forma fragmentaria y parcial.

Pocos meses más tarde, en Viena, Hans Asperger dio conocer los casos de varios niños con “psicopatía autista” y en 1944 publicó un artículo, “La psicopatía autista en la niñez” donde señalaba las mismas características ofrecidas por Kanner, a quien desconocía: “el trastorno fundamental de los autistas es la limitación de sus relaciones sociales, Toda la personalidad de estos niños está determinada por esa limitación” (Asperger, 1944, p.77), anomalías en la expresión, comunicación y lenguaje, obsesión y restricción de pensamientos y acciones, tendencia a guiarse por impulsos internos.

Las diferencias entre un artículo y otro se basan en la educación: mientras que Kanner no se preocupó por ella, Asperger sí lo hizo pero sus intereses educativos no pudieron darse a conocer hasta 1991, cuando Lorna Wing tradujo el artículo del alemán al inglés.

Recopilando todo lo anterior, el DSM-IV define a las personas autistas como: “las personas con trastorno autista pueden mostrar una amplia gama de síntomas comportamentales, en la que se incluyen la hiperactividad, ámbitos atencionales muy breves, impulsividad, agresividad, conductas autolesivas, y especialmente en los niños rabietas. Puede haber respuestas extrañas a estímulos sensoriales. Por ejemplo, umbrales altos al dolor, hipersensibilidad a los sonidos o al ser tocados, reacciones exageradas a luces y olores, fascinación por ciertos estímulos” (Asociación Americana de Psiquiatría, APA, 1994, pp.67-68).


Además de esto, como Rivière remarca, se dan alteraciones en la conducta alimentaria y en el sueño, cambios inexplicables de estado de ánimo, falta de miedo a peligros reales y temor intenso a ciertos estímulos que no son peligrosos.

A partir de esta última definición, que es la que se está usando en la actualidad, se pueden desmentir algunos de los mitos que han “perseguido” a estas personas a lo largo de los años: es falso que el autismo sea una reacción patológica al entorno familiar, que no existan causas físicas en cuanto a la etiología orgánica del trastorno, que sea un problema de motivación, que todos tengan un buen nivel cognitivo (el autismo se da en todos los tipos de Coeficiente Intelectual), que todas las personas sean iguales (el grado de la alteración, el nivel de inteligencia, la personalidad e intereses, las condiciones médicas,... lo condicionan), es un mito la evitación de la mirada (existe una tasa alta de mirada no dirigida y controlada hacia algo que les gusta) y es incierto que esté alterada la función del apego.

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